- Aquí se encuentra don Wilson, encargado de un equipo de cocina, llenando un plato de caldo de frijoles para que un compañero suyo lo complemente con el bolillo de todas las tardes. Sin duda alguna, pienso que la hora de las comidas -desayuno, comida y cena- eran el momento que mayor felicidad generaban en la casa. En un ambiente lleno de tristeza, de lamento, de sufrimiento y de incertezas, el plato de comida representaba la mayor fuente de seguridad para las personas. Ese plato era algo que eventualmente iba a llegar a las manos de uno y sin importar qué cosa fuese lo que se había preparado, ese platillo iba a llenar un estómago vacío y una mente perdida en la incertidumbre.
Arroz y Frijoles:
-Éste es el platillo por excelencia servido en la 72.
De todo el dinero que un albergue para personas en estado de vulnerabilidad recibe, la pregunta más importante de todas siempre será ¿Cómo vamos a alimentar a todos los estómagos vacíos que lleguen a nuestras puertas? ¿Cómo garantizar la seguridad alimentaria de nuestros compañeros?
Así, el presupuesto con el que se contaba en la 72 servía para muchas cosas, pero pienso yo que lo más importante de todo era: la comida. Nosotros bien sabemos que siempre habrá una relación que va a determinar nuestras vidas y esa es la relación entre la voluntad y la capacidad. En el caso de la 72, la síntesis de esa relación, en el aspecto alimentario, eran Arroz y Frijoles.
Tal vez no se contaba con mucho dinero o tal vez no era suficiente, pero el Arroz y Frijoles era nuestro sustento y todos estábamos agradecidos. Se servía en grandes cantidades, siempre había un poco más para repetir y nunca, pero nunca, había para desperdiciar, pues siempre había alguien más, en algún lugar cualquiera, que necesitase de ese milagroso y esperanzador plato de Arroz y Frijoles.
El equipo de cocina:
- No hallé dinámica más gratificante durante mi estadía en la casa que la de la preparación de los alimentos. La cocina era ese punto de encuentro en el que la gente se sentía parte de algo, pero además se sentían como poseedores de alguna cosa, tal vez no se tomaban el tiempo para pensar qué cosa específica era la que poseían, pero por lo menos reflejaban una confianza como no se sentía en todo el hogar.
Con el tiempo he internalizado esa curiosa situación y eso me ha llevado a suponer que eran los alimentos los que daban esa sensación de poseer algo a las personas. Ellos bien sabían que no eran dueños ni compradores de los alimentos, que no tenían capacidad para decidir como iban o debían distribuirse, pero era durante esas horas de preparación que ellos conversaban y reían con tanta calma y felicidad que a mi me daba la impresión que ellos se sentían parte de todo y al mismo tiempo garantes de algo que le pertenecía a todos.
El día que se mató un cochino:
Caminantes de la tierra y navegante de los ríos:
Los turnos de las guardias:
Garífuna y catracho con pelo colocho:
Don Fernando, el eterno aprendiz:
-Como todos sabemos, una de las cosas que más fue afectada por la pandemia fue el entretenimiento. Aquí se retrata a una de las actividades de entretenimiento que se realizaron en la 72 durante este periodo de aislamiento social.
Para mi, el hecho más importante de esta foto son los gestos de las personas. En un lugar donde conviven cientos de personas, de distintas nacionalidades, distintas edades y distintas idiosincrasias, (además en dificilísimas condiciones de precariedad, vulnerabilidad, etc.) los lazos afectivos no siempre se dan de una manera tan fácil. No me refiero a que no se formen lazos estrechos de amistad en tales condiciones, sino que algunas veces estos lazos entre personas no se dan e inclusive me atrevo a decir que aquellos "iguales" se conciben como "distintos" y por ende: se evitan.
He aquí la relevancia de esta foto, de éste efímero momento. los rostros, los gestos, las sonrisas delatan algo: Se han roto las barreras imaginarias creadas por ellos mismos, han reconocido al "otro" como un "igual" y han decidido gozar de sus existencias de forma conjunta.
Una vez que ese ejercicio de conciencia es realizado, toda barrera artificial queda derrumbada y, en este caso específico, es posible capturar ese momento a través del gran invento de la cámara fotográfica. Es por ello que esté es de los momentos más importantes que pude captar durante esos 3 meses...
Aquí están (de izquierda a derecha): Dixon, Conrado, Alejandro, Thomás, Martín.
El sustento semanal:-Estas siguientes 2 fotografías están dedicadas a la empresa de frutas y verduras en Villahermosa, Tabasco, que cada semana donan más de 100 kgs (y creo que decir 100 es poco) de alimentos para la Casa-Hogar de la 72.
-Apostaría a decir que a mucha gente no le gustaban las verduras y que muchos no tenían deseo de comer de esas donaciones. Sin embargo, cada miércoles que llegaban las donaciones por la tarde, todos y todas se acercaban a la camioneta apresuradamente como si se tratase de algo que estuviesen esperando desde hace tiempo.
Aquellas donaciones representaban mucho más que verduras viejas prontas a descomponerse, pues desde el momento que se abrían las puertas y entraba la camioneta en el terreno de la 72, esas verduras les pertenecían a todos, eran una posesión valiosa y como tal merecían ser tratadas: con la mayor importancia y con el mayor cuidado posible.
Ver el desembarque de las verduras cada semana era cosa esperada por mí, también me gustaba cargar y bajar las cajas, pero disfrutaba como pocos sentir esa energía que "las verduras" despertaban en todos.
Don Chicho y la fuente de combustible:
Hermides:
-Conocer y acercarse a Hermides fue de las cosas más difíciles en mi estancia allí. No fue por el hecho de tener timidez, ni por una cuestión de actitud frente al otro, sino por la razón de que Yo me veía reflejado en el rostro de Hermides. Ese niño andaba de aquí para allá, de arriba a abajo, no podía evitar saciar su curiosidad; todo aquello que se preguntaba, si estaba en sus manos, tenía que ser resuelto.

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