Diario Fotográfico 

Mis vivencias durante la pandemia en el Hogar-Refugio de la 72, Tenosique, Tabasco, Frontera Sur de México.

Las siguientes fotografías las tomé durante mi estancia en la 72 en los meses de abril, mayo y junio del 2020. En este periodo tuve la oportunidad de ser parte del equipo de trabajo y de establecer vínculos cercanos con personas provenientes de muy diversos contextos.

Estas fotos son una manifestación visual de las implicaciones del fenómeno de la migración internacional en México. Actualmente, existe una inmensa cantidad de personas -en México cientos de miles y en el mundo cientos de millones- que saben que su condición humana está de cierta forma determinada o envuelta con el fenómenos de la migración entre naciones.

Así, lo que presento es un intento de retratar de algo que es in-retratable en su totalidad, pero que claramente su publicación y contemplación ayuda a la ilusión de conocer mejor ese anhelado retrato total. 

Este es un caso en la frontera sur, en la selva, en los humedales, en el calor, en la vivencia de una ilusión, en México, en Tabasco, en la 72, en compañía de Catrachos, de Guanacos, de Chapines, de Cubanos, de todas y de todos los que estuvimos en la Casa-Hogar durante la pandemia. Esta es mi experiencia: 


    El pan de cada día:

    - Aquí se encuentra don Wilson, encargado de un equipo de cocina, llenando un plato de caldo de frijoles para que un compañero suyo lo complemente con el bolillo de todas las tardes. Sin duda alguna, pienso que la hora de las comidas -desayuno, comida y cena- eran el momento que mayor felicidad generaban en la casa. En un ambiente lleno de tristeza, de lamento, de sufrimiento y de incertezas, el plato de comida representaba la mayor fuente de seguridad para las personas. Ese plato era algo que eventualmente iba a llegar a las manos de uno y sin importar qué cosa fuese lo que se había preparado, ese platillo iba a llenar un estómago vacío y una mente perdida en la incertidumbre.

    

    Arroz y Frijoles:

    -Éste es el platillo por excelencia servido en la 72.

De todo el dinero que un albergue para personas en estado de vulnerabilidad recibe, la pregunta más importante de todas siempre será ¿Cómo vamos a alimentar a todos los estómagos vacíos que lleguen a nuestras puertas? ¿Cómo garantizar la seguridad alimentaria de nuestros compañeros?

Así, el presupuesto con el que se contaba en la 72 servía para muchas cosas, pero pienso yo que lo más importante de todo era: la comida. Nosotros bien sabemos que siempre habrá una relación que va a determinar nuestras vidas y esa es la relación entre la voluntad y la capacidad. En el caso de la 72, la síntesis de esa relación, en el aspecto alimentario, eran Arroz y Frijoles.

Tal vez no se contaba con mucho dinero o tal vez no era suficiente, pero el Arroz y Frijoles era nuestro sustento y todos estábamos agradecidos. Se servía en grandes cantidades, siempre había un poco más para repetir y nunca, pero nunca, había para desperdiciar, pues siempre había alguien más, en algún lugar cualquiera, que necesitase de ese milagroso y esperanzador plato de Arroz y Frijoles.   

    

    El equipo de cocina:

    - No hallé dinámica más gratificante durante mi estadía en la casa que la de la preparación de los alimentos. La cocina era ese punto de encuentro en el que la gente se sentía parte de algo, pero además se sentían como poseedores de alguna cosa, tal vez no se tomaban el tiempo para pensar qué cosa específica era la que poseían, pero por lo menos reflejaban una confianza como no se sentía en todo el hogar. 

Con el tiempo he internalizado esa curiosa situación y eso me ha llevado a suponer que eran los alimentos los que daban esa sensación de poseer algo a las personas. Ellos bien sabían que no eran dueños ni compradores de los alimentos, que no tenían capacidad para decidir como iban o debían distribuirse, pero era durante esas horas de preparación que ellos conversaban y reían con tanta calma y felicidad que a mi me daba la impresión que ellos se sentían parte de todo y al mismo tiempo garantes de algo que le pertenecía a todos.

     

    El día que se mató un cochino:


    Caminantes de la tierra y navegante de los ríos:

    
    - Barrabás y la indiferencia de los caminos; siempre y cuando se vayan recorriendo. 

Sin duda alguna, de todos los personajes que la 72 tuvo durante la pandemia del COVID-19, la presencia de Melvis, alias "Barrabás", fue una de las más emblemáticas. A Barrabás siempre lo veré como eterno peregrino, un eterno migrante. 

Él era de esos personajes que fácilmente se abría y te platicaba de su vida, de sus experiencias y de sus andanzas como si tuviese años de conocerte, pero también era esa persona que podía apartarse de todos y pasarse horas en silencio absoluto sin hacer ni un simple gesto. Cada vez que veía que Barrabás se apartaba de la gente y se concentraba profundamente por estar en silencio, yo siempre me preguntaba ¿Qué estará pasando por su cabeza? ¿Pensará en algo específico de su tierra natal? ¿En dónde le gustaría estar si se le pudiera cumplir un deseo? ¿Con quién le gustaría compartir ese soñado estado de tranquilidad?

Después de semanas de conocerlo y tratarlo, me fui percatando de un hecho importante: nunca hablaba de su hogar, de su primer origen, del lugar de donde venía, sino que sus grandes anécdotas y momentos más célebres se habían desarrollado a lo largo de su camino como migrante. Fue así como me di cuenta de que, por más dolorosa y pesada que pueda ser la vida de peregrino, Barrabás será un eterno caminante de la tierra y navegante de los ríos.


   Los turnos de las guardias:

    

   Garífuna y catracho con pelo colocho:


    Don Fernando, el eterno aprendiz:


    Vaqueros a caballo:

    -Como todos sabemos, una de las cosas que más fue afectada por la pandemia fue el entretenimiento. Aquí se retrata a una de las actividades de entretenimiento que se realizaron en la 72 durante este periodo de aislamiento social.

Para mi, el hecho más importante de esta foto son los gestos de las personas. En un lugar donde conviven cientos de personas, de distintas nacionalidades, distintas edades y distintas idiosincrasias, (además en dificilísimas condiciones de precariedad, vulnerabilidad, etc.) los lazos afectivos no siempre se dan de una manera tan fácil. No me refiero a que no se formen lazos estrechos de amistad en tales condiciones, sino que algunas veces estos lazos entre personas no se dan e inclusive me atrevo a decir que aquellos "iguales" se conciben como "distintos" y por ende: se evitan.

He aquí la relevancia de esta foto, de éste efímero momento. los rostros, los gestos, las sonrisas delatan algo: Se han roto las barreras imaginarias creadas por ellos mismos, han reconocido al "otro" como un "igual" y han decidido gozar de sus existencias de forma conjunta. 

Una vez que ese ejercicio de conciencia es realizado, toda barrera artificial queda derrumbada y, en este caso específico, es posible capturar ese momento a través del gran invento de la cámara fotográfica. Es por ello que esté es de los momentos más importantes que pude captar durante esos 3 meses...

Aquí están (de izquierda a derecha): Dixon, Conrado, Alejandro, Thomás, Martín.

    El sustento semanal:

    -Estas siguientes 2 fotografías están dedicadas a la empresa de frutas y verduras en Villahermosa, Tabasco, que cada semana donan más de 100 kgs (y creo que decir 100 es poco) de alimentos para la Casa-Hogar de la 72. 

    
    Descargue colectivo:

    -Apostaría a decir que a mucha gente no le gustaban las verduras y que muchos no tenían deseo de comer de esas donaciones. Sin embargo, cada miércoles que llegaban las donaciones por la tarde, todos y todas se acercaban a la camioneta apresuradamente como si se tratase de algo que estuviesen esperando desde hace tiempo.

Aquellas donaciones representaban mucho más que verduras viejas prontas a descomponerse, pues desde el momento que se abrían las puertas y entraba la camioneta en el terreno de la 72, esas verduras les pertenecían a todos, eran una posesión valiosa y como tal merecían ser tratadas: con la mayor importancia y con el mayor cuidado posible.

Ver el desembarque de las verduras cada semana era cosa esperada por mí, también me gustaba cargar y bajar las cajas, pero disfrutaba como pocos sentir esa energía que "las verduras" despertaban en todos.

   
    Infancia restringida:


    Nuevas esperanzas:

    -Dixon y Dixon Jr.
 Padre y madre hondureños, pero él es nacido del otro lado de la frontera. Al igual que sus padres, todas las personas que nos encontrábamos en la 72 poníamos nuestras esperanzas en Dixón Jr., el recién nacido representa la oportunidad de un nuevo comienzo, de un mejor mañana, de un nuevo mundo. 

    

    Don Chicho y la fuente de combustible:


    Darwin:


    Dormitorio veraniego:

    
    -Aquellos húmedos y calurosos días de mi vida jamás los voy a olvidar, nunca. Esta afirmación me obliga a regresarme unos años, a mi período universitario, cuando empecé a leer (eventualmente me enamoré...y aun sigo enamorado de su obra) a Ryznard Kapuscisnki. Al empezar a leer a Kapuscinski, uno muy rápido se queda "flechado" o "clavado" con sus anécdotas y en mi caso fue con aquellas anécdotas que se desarrollaban en África. Desde mi perspectiva, todo lo que decía K. era "algo" que nadie más tenía la capacidad de contarme y sobre todo yo no podía ni tenía la capacidad de cuestionarlo. Sin embargo, hubo un tema que se volvió recurrente en esa anécdotas en el que yo - ahora lo afirmo: fui un iluso- empecé a emitir juicios de aquello que me contaba. 

Fue así como erróneamente juzgué a K. de exagerar "el calor" de sus anécdotas africanas. Cada vez que veía que K. describía su situación, sus dificultades, sus vivencias y hacía referencia al insoportable calor africano, yo mismo me decía "ese K. era un polaco exagerado con eso del calor". A pesar de ese recurrente pobre juicio mío, yo continué desarrollando un vinculo más profundo con el autor a través de sus obras y seguí adentrándome en la profundidad de sus escritos sin importar que él se quejase mucho del calor. 

Después de haber vivido 3 meses en la frontera sur de México, mi vida nunca verá al calor de la misma forma y mi persona nunca más podrá emitir ese pobre juicio en contra de mi más preciado compañero de vida. La 72 me cambió la vida y pido perdón a Ryznard Kapuscinski.   

    Hermides:


    -Conocer y acercarse a Hermides fue de las cosas más difíciles en mi estancia allí. No fue por el hecho de tener timidez, ni por una cuestión de actitud frente al otro, sino por la razón de que Yo me veía reflejado en el rostro de Hermides. Ese niño andaba de aquí para allá, de arriba a abajo, no podía evitar saciar su curiosidad; todo aquello que se preguntaba, si estaba en sus manos, tenía que ser resuelto. 

La dificultad de tal situación fue tras saber y reconocer que yo no podía hacer nada para transportar a Hermides unos años atrás para que se conociera con mi Itan de la infancia y disfrutaran de esa curiosidad intrínseca que el espíritu de ambos tenía. Peor aún, no podía hacer nada para saciar la curiosidad de un alma a esa corta edad, una edad, en un carácter, que antes que todo era insaciable.

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